You have activated a Bronze/Gold WP Symposium feature, but you have not entered your Activation Code. Consigue una en la Página de Membresía en el WP Symposium sitio web.
Un repaso histórico del porno gay europeo | solopaketes

Un repaso histórico del porno gay europeo

slava_mogutin

Desde que nació en los años 70, la mayor parte del porno gay se ha concentrado en Estados Unidos. La producción europea -exceptuando autores aislados como Cadinot- solo empezó a ser significativa a partir de los años 90, y todavía hoy, a pesar de su mucho mayor alcance, su dimensión seguramente sea menor que la norteamericana. Si tomamos como referencia la corta historia del porno gay europeo (en realidad, tiene apenas tres décadas), es curioso observar cómo han ido cambiando sus principales centros geográficos de producción.

El porno empieza en Centroeuropa


En los años 80, los más prolíficos en Europa fueron los productores alemanes y sus vecinos del norte de Europa, junto a casos excepcionales como el mencionado Jean Daniel Cadinot (French Art y JDC Productions). Salvo las irrepetibles y complejas cintas del cineasta francés, pocas películas europeas de aquella época han pasado a la historia.

La mayoría eran producciones hechas sin grandes medios ni mucha imaginación, aunque con una notable decantación por fetichismos minoritarios. La compañía danesa COQ International, que también distribuía títulos estadounidenses en Europa, produjo entre otras la famosa serie ‘Golden Boys’. En Francia hubo otras dos productoras destacables: A.M.T. ProductionsLes Films de la Troïka.

El renacer de Praga y Budapest


En los años 90, y tras la caída del Muro, el principal centro de producción se trasladó a los países del Este, si bien la mayor parte de los inversores del porno gay de allí eran extranjeros en aquellos países, sobre todo estadounidenses (All Worlds VideoEagle Video, Euroman Video) y alemanes (Man’s Art, Man’s Best). Siendo abrumador el número de títulos que llegaron a rodarse en esa década en la República Checa, Hungría o Eslovaquia, aún no era nada comparado con la cifra de películas que nos iba a deparar el Este de Europa en la década siguiente.

El escaso interés artístico de aquellas películas de los 90, sus -en general- pobres y descuidadas técnicas de rodaje y posproducción y, sobre todo, la sensación de “aburrimiento” que transmitían los actores, hicieron que también la mayoría de esas películas pasasen al olvido. El punto de inflexión lo marcó la privilegiada mirada del director estadounidense William Higgins, que, instalado en Praga recién empezado el nuevo siglo, se afanó en descubrirnos la belleza perfecta de los jovencísimos y esculturales modelos checos.

La industria del Este


La primera década del siglo ha sido, con gran diferencia, la más fértil desde la perspectiva del porno gay europeo. Por un lado, los países del Este consolidaron su incipiente industria con una infinidad de películas, sagas y trilogías. El mencionado Higgings (William Higgins), junto a otros foráneos como George Duroy (Bel Ami), ofrecieron las muestras mejor logradas y recordadas. Pero la lista de los que filmaron allí durante esos años es interminable. A Chequia, Hungría y Eslovaquia siguieron llegando videógrafos de todo el mundo: de Alemania (Hammer Entertainment, Tino Video), de Estados Unidos (Dolphin Entertainment, IFS), de Francia (Body Prod, Inexes), de Inglaterra (Load, Staxus), de Suiza (Gordi Films, Ikarus Entertainment)…

Desde entonces, muchas compañías vinculadas a esos países mantienen un  ritmo frenético en la producción/distribución del porno gay del Este: AVI Films, Ayor Studios y Vimpex son algunas de las más conocidas, si bien algunas otras ya han desaparecido (como Boggs Productions o Cadro Films). El rodaje al aire libre, la simpleza argumental, la utilización de excusas pueriles para desencadenar las escenas de sexo, la inclinación hacia el sexo sin condón y una cierta tendencia a la sobreactuación de los actores (quizá para mitigar la ausencia de diálogos) son características muy frecuentes en el cine del Este de Europa de esos años.

Inglaterra aparece en escena


Europa del Este fue un gran centro neurálgico de realización en esta década, pero el porno gay siguió haciéndose en otros países donde ya se había estado produciendo, al tiempo que empezó a hacerse de forma aislada, pero significativa, en diversos puntos del continente, en países tan dispares como España (Jalif Studio), Holanda (Prime Pork), Italia (All Male Studio, Adamo), Suecia (S.E.V.P.) o Turquía (ZIP Productions).

Alemania y Francia, que encabezaban con mucho la lista de productoras de porno gay a este lado del continente, tuvieron que hacerle hueco a un compañero que hasta entonces apenas se había pronunciado en la materia: Inglaterra. La irrupción del porno gay en este país durante la década pasada fue más que notoria. La progresiva aparición de grandes compañías inglesas como Alphamale Media, Blake Mason, Eurocreme, Euroboy, O&C, Triga Films o UK Naked Men -solo por citar unas cuantas de las que siguen aún en activo- acabó por colocar al final a los británicos en la principal línea de fuego.

La inercia de Alemania y Francia


Solo aparecieron tres “grandes” productoras genuinamente alemanas en esa época: Cazzo FilmFoerster Media y Spritzz. Otras compañías germanas menores, pero que alcanzaron cierta dimensión comercial, ya no existen o interrumpieron su actividad fílmica (Be.Me.Fi, Erocreations, Sk8erboy Film Productions), y finalmente otras que sí se mantienen, más minoritarias, nunca adoptaron un ritmo regular de producción (Berlin Star, Luxure Filmproduktion, WaN Film o Wurstfilm).

El caso de Francia es también algo irregular. A finales de los 90 se habían visto ya las primeras cintas de Jean Noel Rene Clair (JNRC) y de Martial Amaury (Comme des Anges Films); pero durante los diez años siguientes estas productoras no firmaron más de un título por año. Clair Production (con Stéphane Moussu al frente) sí fue más prolífica, pero muchas de sus películas, como hemos dicho, se rodaron en el Este (Chequia, Letonia, Hungría…). Las otras dos grandes productoras francesas que aparecieron en esa década fueron Citebeur y, en menor medida, Menoboy (ambas siguen aún en activo). El galo Sthéphane Berry (que en unos pocos años llegó a filmar medio centenar de títulos para la productora que llevaba su nombre) rodó su última película en 2008. La productora del ínclito Cadinot (French Art), tan prolífico como interesante hasta el final, desapareció con su fallecimiento también en 2008. Alguna aventura aislada (Mack Studio, de 2003 a 2005) completa la ficha francesa de esta década.

España se sube al carro


Posiblemente el movimiento o tendencia más reconocible de estos años fue el que representaron tres de estas grandes compañías europeas: la alemana Cazzo, la francesa Citebeur y la británica Triga, secundadas algo más tarde por la española Jalif Studio. En especial sus primeras películas contenían propuestas rupturistas que, poco a poco, supusieron un importantísimo volantazo dentro del género, evidente en todos los aspectos de la producción. Frente al anterior modelo de negocio, poco ortodoxo y deslocalizado, la nueva apuesta pasaba por crear verdaderos equipos nacionales de producción. Frente a la ausencia total de estilo de las anteriores películas, ahora se perseguía una estética determinada. Y frente a la representación del sexo como un mero trámite ante la cámara, la nueva visión parecía exigir una cuota innegociable de autenticidad.

Todo ello cuestionaba a la vez el porno gay imperante, el mainstream estadounidense, también en todos los sentidos. Parecía que aquí no se trataba de llegar al máximo público posible, sino de hacer un cine nuevo y distinto. No se buscaban cuerpos esculturales ni se elegían asépticas localizaciones; los protagonistas eran tipos normales tirando a rudos y feotes y se filmaba en solares o naves cochambrosas. Y, en fin, frente a la artificialidad de los actores y los argumentos, este otro cine reivindicaba un realismo sucio y callejero.

Desencanto y rebeldía en la vieja Europa


En cada uno de estos países, el cine del que hablamos adquirió unos rasgos particulares. Pero todos coincidían en lo mismo: en asociar el sexo homosexual -vincular su fantasía erótica- a una idea primigenia de la masculinidad (el hombre impulsivo y agresivo, natural y guarro) que, en cierto sentido, venía a contrarrestar el desencanto derivado de la “normalización” gay.

Si los protagonistas pertenecían a tribus urbanas marginales, si los decorados estaban en ruinas, si los encuentros sexuales se tornaban brutales y violentos, si los estilos oscilaban entre el hiperrealismo y el realismo underground, no cabía más remedio que entender que de todas estas películas subyacía una profunda rebeldía contra el sistema establecido. Los alemanes se decantaban por un tipo más radical (skinheads en fábricas abandonadas); los británicos, por el obrero homosocial (scally lads reunidos frente a la tele); los franceses, por el chandalero escurridizo (inmigrantes en sótanos y callejones); y los españoles, por el vicioso de barrio (machos ibéricos en bares o azoteas). Distintas formas, pero la misma a fin de cuentas, de evocar una oposición a los roles y estereotipos sexuales políticamente correctos.

Por supuesto, el cine de este puñado de productoras (que forman una especie de Big-Four del porno gay europeo) no fue el único que existió ni mucho menos el único que triunfó durante la década pasada, pero sí es el que personalmente me parece representativo de un cambio creativo propiamente dicho y digno de señalarse.

La reacción norteamericana


Para ser justos, hay que reconocer que la oferta estadounidense se diversificó mucho durante esta primera década del siglo, en cierta manera bajo el influjo de esos mismos planteamientos europeos. Respecto a contenidos y estilos, los norteamericanos optaron por extremar las situaciones (sexo en lugares públicos, heteros engañados, grandes orgías) bajo una pretensión de verosimilitud que casi siempre resultaba, sin embargo, demasiado forzada.

Por lo demás, el pay-per-view apareció allí en los primeros años de la década y fue también allí donde empezaron a popularizarse y multiplicarse las webs de series temáticas como las de Big Daddy (Haze Him, Out in Public, etc.), el formato que impera hoy en todas partes.

La promesa británica


A la luz de las grandes compañías europeas que hemos citado antes, en estos últimos años han nacido otras que comparten algunos de aquellos planteamientos pero ya poco se parecen a aquellas. No es un dato menor el hecho de que ya no se hacen tantos largometrajes como antes (y, cuando se hacen, pasan inadvertidos entre el sinfín de escenas y vídeos cortos que constituyen la oferta actual de todas las productoras).

La única de las cuatro que mantiene un ritmo constante en la producción de largos es Triga (de hecho, sigue basando su negocio en los largos y solo en los largos). Cazzo, Citebeur y Jalif Studio han incorporado a su oferta preferente los vídeos cortos. Y claro, la producción de un vídeo corto suele ser mucho menos compleja, mucho más susceptible de hacerse en serie, y por tanto el resultado suele ser también menos satisfactorio. El cine de estas grandes compañías no solo se ha estandarizado en los últimos años, sino que también se ha estilizado de forma considerable, casi diríamos hasta el aburguesamiento.

Los indicios de la existencia de una nueva tendencia dentro del porno gay los hallamos ahora, desde hace pocos años, en Inglaterra (y, en menor medida, en Francia). De Alemania casi solamente nos llegan las producciones más heavys (todo tipo de fetichismos y “rarezas”), mientras que en España han aparecido un puñado de compañías más o menos continuistas sin excesivas -de momento- ambiciones fílmicas. Sin embargo en Inglaterra han proliferado las propuestas que señalan rumbos realmente innovadores. De ellas, y de la revolución que apuntan, hablaremos en un próximo artículo.

(Foto superior: Slava Mogutin)

VN:F [1.9.22_1171]
Tu valoración:
Rating: 4.5/5 (6 votes cast)
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: +3 (from 3 votes)
Un repaso histórico del porno gay europeo, 4.5 out of 5 based on 6 ratings
Share Button

Comentarios

Exprésate

© 2013 · solopaketes club · madrid (españa)